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Eva Arias: “Los mineros somos resilientes”

La charla con la presidenta de Minera Poderosa trata la tradición minera de su familia, sus primeros pasos en la minería, pero también las lecciones aprendidas en un año de retos por la pandemia.

Eva Arias

Desde Adentro conversó con Eva Arias, presidenta de Compañía Minera Poderosa, con operaciones en la sierra de La Libertad y la primera productora de oro del país en el 2021. La charla trata la tradición minera de su familia, sus primeros pasos en la minería, pero también las lecciones aprendidas en un año de retos por la pandemia y de su activismo para lograr que más mujeres participen en la minería.

Su padre y su abuelo fueron mineros, sin embargo, decidió ejercer su propia profesión: la arquitectura. ¿Por qué quiso dedicarse primero a la arquitectura y cómo se dio luego su ingreso al mundo minero?

Efectivamente, soy arquitecta y fue mi padre, Jesús Arias, quién influyó en formar mi vocación. De niña, él incentivó en mí el arte, con libros sobre pintores, escultores, arquitectos… un juguete que me regaló en esa época, un mecano, complementó los libros de arte y, al armarlo, sentí que lo que quería era diseñar y construir. Al terminar el colegio ya tenía decidido estudiar arquitectura en la UNI. En mi familia crecimos familiarizados con el quehacer empresarial y creo que fue cursando el tercer ciclo en la facultad, cuando animé a dos amigos de la universidad a formar una empresa de arquitectura y construcción. Esta aventura empresarial que iniciamos de estudiantes fue exitosa, nos dio muchas satisfacciones profesionales y fortaleció nuestra amistad.

Sin embargo, también soy minera de corazón. Nací en una familia minera y por lo tanto mi vida ha estado vinculada a la minería desde mi niñez, vínculo que ha generado que sienta fascinación por esta actividad y me ha permitido valorar las enormes posibilidades de desarrollo que se generan donde existe una operación minera. Dejé la arquitectura e ingresé, o mejor dicho regresé, al mundo minero en 1977, un año muy difícil para la minería y por ende para la economía del país. Pasábamos por una aguda crisis de precios de los metales y la situación de las empresas mineras de la familia era muy complicada; sentí que era el momento de apoyar. Lo conversé con mis socios y con mi familia.

Inicialmente, me incorporé al área financiera y luego pasé por diferentes áreas de las empresas. Para complementar mi formación profesional, estudié diversos cursos para ejecutivos; también mi formación de arquitecta me ayudó mucho en mi nuevo reto. Desde entonces, vivo fascinada en el mundo minero.

El apoyo de su familia ha sido fundamental para conseguir sus objetivos personales y empresariales. A su parecer ¿qué valores diferenciales tiene Poderosa, al ser una empresa familiar, con respecto a otras compañías mineras?

Creo que la cultura empresarial se forja sobre los valores de sus fundadores, y ese es nuestro caso. Tuvimos la suerte de vivir en campamentos mineros cuando éramos niños y mi padre nos inculcó el aprecio y respeto por las personas que integraban la empresa y las poblaciones vecinas a la mina. Sentíamos el centro de trabajo como una gran familia extendida, nosotros hemos transmitido esa cultura a nuestros hijos y estoy segura de que ellos la transmitirán a nuestros nietos.

Poderosa, nace siendo parte de esa cultura, siendo una gran familia que trabaja con el compromiso de cada uno de sus miembros para ser cada día una mejor empresa. Creo que ese es el “valor diferencial”, que nos acompaña desde nuestros inicios hace 42 años, el valor que ha sido la base sobre la que nuestra cultura empresarial se ha ido enriqueciendo a lo largo del tiempo, y que también nos ha permitido superar etapas difíciles y alcanzar grandes logros.

Uno de los momentos más desafiantes, ha dicho, fue impulsar la recuperación de Poderosa. ¿Cuál fue su rol en esa crisis? ¿De qué manera lograron que en menos de tres quinquenios la empresa pasara de estar en quiebra a convertirse, en el 2019, en una de las empresas con más alta rentabilidad en el Perú?

Fue un momento muy crítico para Poderosa y me tocó hacerme cargo. El año más difícil fue 1999, la deuda era alrededor de 1.5 veces la venta anual; el precio del oro no cubría los costos y, en la mina, las reservas eran insuficientes y de baja ley. En marzo del 2000, Poderosa reestructuró su deuda con Indecopi, lo que permitió ordenar las finanzas. En la operación tuvimos que hacer cambios estratégicos y, poco a poco, recuperamos la producción, incrementamos las reservas, mejoramos la ley del mineral, recuperamos el ciclo de minado y la eficiencia en las plantas de beneficio. En lo financiero, fuimos muy escrupulosos en cumplir el acuerdo de reestructuración y cancelamos la deuda en junio del 2007, cuatro años antes de lo previsto. Logramos salir airosos.

Este difícil momento se superó gracias a un dedicado trabajo en equipo; todos nos comprometimos con la empresa, pusimos el hombro trabajando con más ahínco, siendo empáticos con algunas situaciones propias de la crisis, incluso, colaborando desde nuestro rol más allá de lo esperado. No se hubiera logrado revertir esta situación sin el esfuerzo, perseverancia y dedicación de toda la familia Poderosa. Esta crisis me dio la oportunidad de involucrarme directamente en todos los aspectos de la empresa y, gracias a ello, pude comprobar la excelente calidad del equipo humano con el que contamos y que ha llevado a Poderosa al sitial que tiene hoy en día.

En el 2021 se posicionaron como la principal productora de oro del Perú, desplazando incluso a Yanacocha. ¿Cuáles han sido las tres grandes lecciones que le dejan el haber logrado este posicionamiento en medio de una crisis sanitaria mundial?

Durante estos dos últimos años, la crisis sanitaria nos viene afectando a todos y hace imperativo el adaptarse al nuevo entorno que nos afecta globalmente. El crecimiento de Poderosa se viene dando sostenidamente a lo largo del tiempo; sin embargo, considero que más allá de la posición que circunstancialmente alcanzamos hoy en la producción de oro, lo relevante es ver qué aprendimos de las crisis que hemos vivido y de la que estamos viviendo. Las lecciones que saquemos serán herramientas muy útiles para enfrentar con éxito las crisis que indefectiblemente vendrán en el futuro.

Creo que la primera gran lección es nunca olvidar que nuestro activo más valioso e importante son las personas. Esta crisis, originada por la COVID-19, empieza afectando la vida y la salud de las personas, y nuestra primera tarea es y siempre ha sido cuidar y proteger la vida, la salud y el bienestar de nuestra gente. Esto motivó que nuestra primera reacción ante la pandemia haya sido la protección de nuestros trabajadores y sus familias; paralelamente, con las personas en nuestro foco, vimos cómo podíamos ser solidarios y ayudar en la atención de los efectos de la crisis en nuestro distrito, nuestra región y, como parte de la SNMPE, en nuestro país.

Diría que la segunda gran lección es desarrollar con rapidez la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias. El 15 de marzo del 2020, el Gobierno declara la emergencia sanitaria y para controlarla dicta medidas que nos obligan a replantear nuestra forma de trabajar de un momento a otro. Rápidamente se elaboró un primer protocolo de movilización y permanencia en la unidad minera que nos permitió “encapsular” nuestra operación, evitar contagios y operar con seguridad; esto fue decisivo para mantener operativos todos los aspectos críticos de la operación a lo largo de la pandemia, incluyendo las labores mineras. Muchos trabajadores permanecieron en la mina por periodos largos hasta que la situación se fue normalizando; aprendimos también a cumplir nuestras labores desde la virtualidad: todos nos adaptamos a seguir trabajando en equipo en una nueva realidad.

La tercera lección sería no perder el foco de las metas y objetivos trazados. Pienso que esta tercera lección es, de alguna manera, consecuencia de las dos primeras. Contar con nuestro equipo de trabajo con seguridad y salud y desarrollar nuestras operaciones adaptadas a la “nueva” realidad, permite mantener el foco en la metas y objetivos y encontrar la forma de reducir las desviaciones naturales que se producen cuando el ambiente es adverso.

Fue la primera mujer elegida presidenta del SNMPE en sus 117 años de historia para el periodo 2013-2015. ¿Qué significado tuvo para usted que una mujer representara institucionalmente al sector minero peruano?

El haber presidido la SNMPE fue un gran honor y a la vez un gran reto. Como vengo de familia minera y a lo largo de mi vida he tenido mucha cercanía a la industria minera, siempre me he sentido en casa cuando estoy en un círculo minero, por lo que al inicio me pareció muy natural asumir la presidencia del gremio. Sin embargo, rápidamente caí en cuenta que el ser la primera mujer en el cargo le daba una connotación especial, pues no solo era trabajar en equipo para lograr una buena gestión, era también abrir camino a las mujeres en un sector considerado predominantemente masculino.

De otro lado, el equipo humano con el que cuenta nuestro gremio es de primera, por lo que el apoyo que recibe la Presidencia en su gestión es muy eficiente y oportuno. Igualmente, la cooperación que se recibe de los agremiados es muy valiosa para el ejercicio del cargo. El apoyo que recibí del gremio en su conjunto durante los dos años de la gestión fue extraordinario, por lo que estoy muy agradecida a la SNMPE. Me gustaría confesar que, para asumir la presidencia del gremio, tuve un par de años de “entrenamiento” presidiendo el sector minero. Pedro Martínez era el presidente de la SNMPE y durante ese par de años me ayudó mucho a conocer “desde adentro” a la sociedad y el tránsito a la presidencia fue más fácil.

Finalmente, estos años me sirvieron de base para, en representación de la SNMPE, asumir la presidencia de la Sociedad Interamericana de Minería (SIM).

También fue una de las dos peruanas incluidas en la clasificación “100 mujeres inspiradoras de la minería global” (WIM100), reconocimiento global que celebra la contribución de las mujeres al rubro minero. ¿De qué manera esta contribución femenina toma forma en el Perú?

Estar considerada entre esas 100 mujeres ha sido, igualmente, un gran honor. Un honor que también conlleva el reto de ayudar a abrir camino para todas las mujeres que decidan incursionar en este maravilloso y complejo mundo que es la minería, y que está lleno de oportunidades de realización personal y empresarial.

Cada vez somos más conscientes de que en los equipos de trabajo, es necesario tener miradas diversas para lograr mejores resultados y, en este aspecto, la contribución femenina es muy valiosa. Hoy son más mujeres en el sector y vemos que ellas ocupan cargos en todos los procesos, incluso en aquellos que antes se creían reservados a los hombres. Estas mujeres profesionales y técnicas aportan mucho en una empresa minera, tanto por sus capacidades profesionales como por sus características personales.
Sin embargo, no puedo dejar de reconocer que aún está por resolver el reto de conciliar la vida familiar y la maternidad con la vida minera, pero, poco a poco, cada mujer encuentra fórmulas para conciliar su vida personal con el trabajo minero, y a su vez, cada vez son más las empresas que facilitan la presencia del talento femenino, considerando estas necesidades en los regímenes de trabajo y, así, nos vamos adaptando todos y las empresas mineras pueden contar con mujeres talentosas en la fuerza laboral.

Los conflictos sociales siguen dando que hablar, incluso a veces más que las acciones de responsabilidad social que emprenden las empresas mineras. ¿Qué experiencias le han permitido a Poderosa mejorar su relación con el entorno y las comunidades?

Mi padre nos inculcó desde muy temprana edad el aprecio y respeto por las personas de las poblaciones vecinas a la mina, por lo que cuando funda Poderosa, en mayo de 1980, nace con una cultura que, en su ADN, lleva la buena relación con el entorno social. Poderosa tiene como misión transformar responsablemente nuestra riqueza mineral en oportunidades de desarrollo. Una prioridad es promover el desarrollo sostenible y uno de los componentes para lograrlo es fortalecer las capacidades de gestión de las autoridades y de los líderes locales, basándonos en el esfuerzo y corresponsabilidad de la empresa, el gobierno local, la población organizada. Los Comités de Desarrollo Comunal (CODECOS) representan a la población organizada y constituyen un modelo de gestión y gobernabilidad local que, con capacidades fortalecidas y empoderamiento comunitario, son artífices de su propio desarrollo. Venimos trabajando desde el 2007 con este modelo y es muy gratificante ver los resultados.

Para citar un ejemplo, desde hace una década, anualmente, proporcionamos un fondo concursable que es la base para la ejecución de los tres mejores proyectos que presentan los CODECOS para mejorar la calidad de vida de sus comunidades. El fondo financia S/ 50,000 para cada proyecto y cualquier diferencia debe cubrirse con cofinanciamiento, ya sea de la municipalidad, de otras empresas y/o de la propia comunidad. Hasta la fecha se han desarrollado alrededor de 30 proyectos como comedores escolares, sistemas de agua, un puente, un relleno sanitario, etc.

De esta manera, la comunidad se ha convertido en el artífice de su propio desarrollo, integrando a las autoridades locales y contando con el apoyo de las empresas que somos también parte del tejido social.

Dado que, después de Yanacocha, no hay otra mina de oro de ese potencial a la vista, ¿cuál es su perspectiva de la minería aurífera en el Perú?

Nuestro país es geológicamente muy rico. Pero, como sabemos, para encontrar minas hay que explorar y, como sabemos también, la tasa de éxito de las exploraciones es usualmente muy baja. De otro lado, creo que los esfuerzos que venimos haciendo en exploración, en general y no solo por oro, son insuficientes para incrementar la cartera de proyectos de nuestro país. Tampoco las condiciones para explorar son hoy favorables, empezando por la pandemia, pasando por la cada vez más extendida conflictividad social y terminando en la inestabilidad política por la que venimos pasando en los últimos años. Así pues, se van sumando una serie de condiciones adversas para la inversión minera en general y para la exploración en particular. A todo esto, en el caso de la minería aurífera, se adicionan los enormes problemas causados por la minería ilegal e informal.

Pese a lo dicho, creo que la minería aurífera en el Perú tiene gran potencial y que tenemos que trabajar en que las condiciones para su desarrollo sean adecuadas y, sobre todo, que las exploraciones vuelvan a tomar su rol en la industria. Tengo el convencimiento de que los mineros somos resilientes y que estaremos listos cuando el entorno sea más favorable y podamos descubrir otros yacimientos de clase mundial, como Yanacocha.