En un contexto en el que la demanda de cobre crece impulsada por el auge de la inteligencia artificial, la transición energética y la electrificación, el metal rojo se ha convertido en un recurso estratégico para las economías de la región. ¿Cómo impacta esto en países productores como Chile y Perú?
Estamos en un momento muy relevante en la historia de la minería. Esto no es un simple ciclo, sino que se trata de un cambio más permanente, donde los minerales como el cobre, pasan a tener un valor mucho mayor en la economía y en la política mundial debido a las tres grandes transiciones que están sucediendo en el mundo.
La primera, muy conocida, es la transición energética, que ya lleva algunas décadas. Este cambio hace que varios minerales se vean muy favorecidos, principalmente el cobre y el litio. La segunda transición es el aceleramiento de la digitalización, un fenómeno que lleva más de 60 años en el mundo. No obstante, hoy la inteligencia artificial está generando la aceleración de ese proceso. Todos estamos consumiendo más bytes y capacidad de procesamiento por el mayor uso de la inteligencia artificial y eso nos lleva a una mayor necesidad de data centers, los cuales son muy intensivos en minerales, como el cobre y otros.
El tercer elemento es geopolítico. Durante décadas, el mundo funcionó con un modelo en el que China era la principal fuente de la cadena de distribución del mundo. Sin embargo, Estados Unidos ha decidido que ese esquema no le conviene y, por lo tanto, está empujando a un rompimiento de las cadenas de suministro que han estado basadas en China. Eso va a significar construir nuevas cadenas de suministro, y eso también es más intensivo en materiales y en minerales.
Estas tres grandes tendencias hacen que los minerales sean más demandados e importantes. Por lo tanto, quien tenga acceso y control sobre los minerales va a tener una ventaja en la economía mundial. Y ese es el partido grande que están jugando Estados Unidos, China y, en menor medida, otros países como Japón, Corea y la misma Unión Europea. Esa es la explicación de por qué estamos en un momento tan especial y promisorio para los minerales.
¿Cómo pueden aprovechar el Perú, Chile y otros países latinoamericanos para esta coyuntura de alta demanda de cobre?
La oportunidad es muy grande, porque lo que producimos va a tener más importancia y valor. Sin embargo, hay dos factores que considerar. El primero es que no estamos aprovechando con la velocidad que podríamos este tema y ahí hay varios factores que mencionar. Tenemos muchos problemas en la región, partiendo por el crimen organizado que, lamentablemente, se va metiendo en nuestra minería de diferentes maneras.
De otro lado, nuestros propios países tienen una burocracia sin pies ni cabeza y que se debe que ordenar. También en nuestros países hay una cierta batalla cultural entre una visión procrecimiento y una más proambientalista. Hay una tensión cultural que no hemos sabido manejar y también es un freno.
Menciono estos tres puntos porque creo que existe esta gran oportunidad, pero también están nuestros frenos que debemos saber administrar para poder realmente aprovechar este momento.
El último componente es, precisamente, la disputa geopolítica pura y dura, donde nuestros países van a estar sometidos a una tensión entre China y Estados Unidos. Y ningún país de la región quiere pelearse con ninguno de ellos. Eso está muy bien, pero la pregunta es: “¿cómo se hace?”. Es ahí donde nuestros países van a tener que encontrar una fórmula para resistir esta tensión y es ahí donde, probablemente, veo más posibilidades de una articulación regional, en el sentido de que estando conscientes todos los países latinoamericanos de que va a haber una presión fuerte sobre nuestra región, que nuestros países también tengan algún mínimo común para preservar su independencia.
Ante este reordenamiento de las cadenas globales de suministro, ¿qué papel pueden desempeñar Perú, Chile y otros países de la región? ¿Pueden convertirse en un actor clave y un proveedor estratégico de minerales críticos para la economía global?
Si, y en uno muy importante. América Latina ocupa el 14% de la superficie de la tierra, pero desde el punto de vista de reservas y la producción de varios minerales críticos, la región siempre tiene una proporción mayor. Por lo tanto, cualquier superpotencia como Estados Unidos o China, sabe que América Latina y también África, en algunos casos, son dos continentes o subcontinentes que son claves para su futuro.
Solo desde la perspectiva cuantitativa, nuestra región latinoamericana es extremadamente relevante en la oferta de estos minerales críticos, por lo tanto, sujeto de atención y atracción para las superpotencias.
RIESGOS COMPETITIVOS
¿Qué tan relevante o preocupante se están convirtiendo la problemática de la seguridad y la minería ilegal frente a los ojos de inversionistas?
Los inversionistas son conscientes de que en América Latina hay factores que son limitantes y varios de ellos saben que tienen que lidiar con ellos. Obviamente, el avance del crimen organizado es una amenaza que nadie puede soslayar y si se va deteriorando esta situación de seguridad, va a afectar seriamente las decisiones de inversión. Por eso es tan importante pararlo pronto, lo que no es nada sencillo, porque da la sensación de que las redes de crimen organizado también se han sofisticado y fortalecido, actúan de manera transnacional.
Por lo tanto, considero que en este momento es potencialmente lo más peligroso que estamos enfrentando en la región, a un nivel general, pero también en la minería, en la medida que el crimen organizado vaya penetrando en la industria minera.
Nuevos actores, como Argentina, están surgiendo ante esta creciente demanda por minerales críticos. En este escenario, ¿cómo quedan posicionados el Perú y Chile, históricamente los principales productores de minerales de Sudamérica?
Si estuviéramos hablando de esto hace diez años, mi respuesta sería distinta, pero el problema que tenemos ahora no es tanto de competencia, sino que no hay suficiente cobre o proyectos en el mundo. Por lo tanto, lo que puede aportar Argentina, al final del día, va a ayudar al Perú y a Chile a que no enfrenten una crisis de abastecimiento que haga que el precio sea tan alto que termine destruyendo la demanda.
Por el momento que estamos viviendo, lo veo más como un complemento bastante saludable. Y más aún, para países como el Perú y Chile, el desarrollo de nuevos destinos, como Argentina, es una oportunidad para proveer la experiencia, los bienes, los servicios que esta industria va a necesitar. Es una oportunidad para consolidar un polo de desarrollo minero mucho más grande en el cono sur de América.
En la medida en que los países vayan enseñando o encontrando puntos de contacto comunes va a ser valioso. Va a haber un poder de interacción con el mundo, principalmente con los superpoderes, más relevante. La coordinación entre países no es algo fácil porque los Gobiernos, las políticas y las prioridades van cambiando, pero puede haber mínimos comunes que se pueden alcanzar.
El ritmo de exploración minera y el desarrollo de nuevos proyectos se ha desacelerado en la región, mientras que las grandes compañías globales priorizan invertir en países donde los proyectos pueden desarrollarse con mayor rapidez y predictibilidad. ¿Cómo impacta esto a la competitividad minera de nuestros países frente al mercado global?
Hay una crisis mundial en la exploración. En los últimos veinte años, ha habido una tendencia a la baja en los gastos de exploración en el mundo, no solo en América Latina o en el Perú o en Chile.
El Perú, Chile y América Latina, de cierta manera, se mantienen proporcionalmente en este indicador, pero la otra tendencia, que ha sido brutal, es que la cantidad de descubrimientos ha ido cayendo en el tiempo. Desde el punto de vista de un inversionista, su disposición a arriesgar capital también es menor, porque en la medida que no ve que haya probabilidad de éxito va invirtiendo menos. Estamos con una tendencia negativa a nivel mundial en exploración. En esta industria estamos en un punto de quiebre que va a necesitar abordarse de nuevas formas. Vamos a tener que ver cambios en metodologías y en tecnologías, de manera de darle un reimpulso a la exploración, porque de otra manera va a ser muy difícil.
Dadas estas limitaciones, las compañías están buscando caminos alternativos. Hay pocos proyectos y el énfasis está orientado en, por ejemplo, buscar sinergias o directamente en fusiones y adquisiciones, que son mecanismos alternativos o complementarios, debido a que la cantidad de proyectos no es alta.



