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Arpel: “Para atraer inversiones se necesita claridad sobre los próximos 20 o 30 años”

En conversación con Desde Adentro, en el marco de la XV Conferencia Gas Natural Perú 2026, Carlos Garibaldi, secretario ejecutivo de ARPEL, señala que la estabilidad política, reglas claras y una visión de largo plazo son factores clave para impulsar nuevos proyectos.

¿Por qué en la Asociación de Empresas de Petróleo, Gas y Energía Renovable de América Latina y el Caribe (ARPEL) se habla más de evolución energética que de transición energética?

Es un problema de terminología. Transición implica, por definición, que se va de un estado a otro estado diferente, y no estamos hablando de eso.

Nos parece que los hidrocarburos van a seguir siendo la base de la matriz energética. Mientras siga subiendo la demanda energética —porque sigue aumentando la población y continúa el crecimiento económico—, no es un problema de oferta, sino de demanda.

Vamos a seguir teniendo que contribuir a la base energética como lo hacemos ahora con los combustibles fósiles, que representan el 87%. Está creciendo la demanda de energía renovable, pero también la de energía no renovable.

Para que te des una idea, la transición del carbón empezó hace 100 años. El carbón pasó del 58% al 26% de la matriz energética, pero, al mismo tiempo, creció la demanda. Ahora consumimos cinco veces más carbón que antes. Así que no hubo una transición en el sentido de que se eliminó el carbón. Eventualmente se va a eliminar, pero todavía no. Y eso lleva 100 años.

En la región, y también en el caso del Perú, ¿qué falta para hacer más atractiva la inversión privada en exploración de hidrocarburos y gas natural? La región, a diferencia de otras zonas, no enfrenta conflictos bélicos o grandes tensiones geopolíticas. ¿Por qué no llegan más inversiones?

Hablando de la región en general, tenemos problemas de claridad en las políticas de Estado que deben indicar claramente qué va a pasar en el largo plazo y no depender de vaivenes ideológicos o de péndulos que van de derecha a izquierda.

Tiene que haber un consenso político que dé estabilidad y claridad porque estamos hablando de inversiones de 20 o 30 años. También tiene que haber transparencia, independencia de poderes y libertad de prensa.

Hay países que hacen un gran trabajo en ese sentido y otros que todavía tienen trabajo por hacer.

Ahora, hablando de Perú en particular, el país siempre ha tenido un sistema muy estable en materia de política energética y muy atractivo. Lo que se necesita es incentivar, de alguna manera, una mayor exploración de gas para mantener el horizonte de reservas y recursos.

En su exposición mencionó el caso de Argentina y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). ¿Qué lecciones podrían extraer otros países de Sudamérica de este mecanismo?

Lo que pasa es que el RIGI sirve, en cierta forma, para contrarrestar una mala historia. Argentina tuvo una cuasi confiscación de YPF, además de impuestos extraordinarios a la industria y retenciones, no solamente al petróleo y gas, sino también al agro.

El Gobierno [pasado] trató de utilizar estas industrias como fuente de recursos para la distribución y para una política distributiva. Ahora tenemos otro Gobierno que ha cambiado esa política, con una estrategia de aliento e incentivo a la minería, la energía y el agro.

Para subsanar esa mala historia, se instituyó un régimen de garantías para las grandes inversiones, que incluye garantías para la transferencia de moneda, seguridad jurídica, arbitraje, entre otros aspectos.

Los países que han tenido estos vaivenes, que no han cumplido bien sus compromisos o han generado temor en la industria en el pasado, posiblemente necesiten mecanismos de este tipo.

Usted también mencionó que América Latina es la región que menos gas produce en el mundo. Sin embargo, existen oportunidades importantes para crecer. ¿Cómo puede la región aprovechar ese potencial?

Hay un desbalance, un desacople entre la producción actual y el consumo interno de la región, con un déficit del 6%.

Normalmente, las exportaciones e importaciones de GNL más o menos se compensan. El resto viene de Estados Unidos a México por ducto. Sin embargo, tenemos recursos inmensos. Existe, por lo tanto, un desequilibrio entre lo que estamos produciendo ahora y lo que podríamos producir.

Para producir más necesitamos inversiones y, para atraerlas, tenemos que ofrecer un ecosistema atractivo. Del otro lado, tenemos muchos factores favorables: contamos con los recursos, aceptamos el capital privado, tenemos términos contractuales y fiscales razonables en general y estamos fuera de zonas de conflicto y de estrangulamientos geopolíticos.

Tenemos todo por delante para poder masificar aún más el gas en la región, ser autosuficientes y exportar el excedente. Falta hacerlo suficientemente atractivo para que las inversiones lleguen.

Sin embargo, también existe un factor geográfico. América Latina está más lejos de los principales mercados de Asia en comparación con otras regiones. ¿Cómo se puede competir en ese escenario?

Estados Unidos también está lejos, pero tiene un recurso muy barato. Cuando comenzaron a producir shale oil —que es un tipo de petróleo que está atrapado dentro de rocas muy duras y compactas bajo el suelo— el gas era casi una molestia, porque no tenían la infraestructura para evacuarlo ni tratarlo adecuadamente.

Pero, como es Estados Unidos y tiene un ecosistema muy favorable para los inversores, la industria privada construyó rápidamente la infraestructura. En dos años, proyectos que inicialmente eran de regasificación en el Golfo de México se transformaron en proyectos de licuefacción y ahora exportan gas.

¿Por qué? Porque la inversión es fácil, el crédito es accesible y es un país estable.

Latinoamérica tiene que competir con eso. Se puede competir con gas barato, como el de Vaca Muerta (Argentina), por ejemplo. Pero cuando el gas es más caro, como el de aguas profundas, resulta más difícil competir, especialmente porque hay que transportarlo por barco a distancias muy largas, en comparación con el gas que llega desde Medio Oriente o desde la región Asia-Pacífico.

Durante su exposición también planteó la posibilidad de reemplazar parte del consumo de diésel por gas, por ejemplo, en el transporte público. ¿Por qué considera necesario avanzar en esa dirección?

Porque el diésel contamina mucho y el gas contamina aproximadamente un 26% menos. Además, da flexibilidad y es una manera de masificar el gas. Hay algo muy llamativo: la mayor parte de la región importa diésel. Por lo tanto, se podría sustituir una importación.

Finalmente, también subrayó que la demanda de energía está creciendo por la expansión de los centros de datos y la inteligencia artificial. ¿Qué implica esta nueva demanda para el sector energético?

Para un data center es fundamental tener estabilidad y seguridad eléctrica. No puede haber cortes. Por eso, estas instalaciones buscan independizarse de alguna manera. Están invirtiendo en energía renovable o comprando gas. El problema de la energía renovable es que es intermitente; el gas no.

Están invirtiendo para asegurar su propia seguridad energética y este sector está creciendo como hongos. Hace diez años no imaginábamos que iba a haber esta explosión. Los data centers tienen una gran demanda de energía. No podemos tapar el sol con un dedo. Nos puede gustar o no el crecimiento de la inteligencia artificial, pero es una realidad.