Los avances tecnológicos y la innovación están impulsando grandes oportunidades con enormes beneficios potenciales, pero también están generando nuevos riesgos, advirtió en enero de este año el World Economic Forum en su Informe sobre riesgos globales 2026.
Esta realidad hizo que, para los 1,300 expertos consultados para la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales, la inseguridad cibernética se haya convertido en la sexta mayor amenaza en una perspectiva a dos años.
Para el mundo de los negocios peruano, la posibilidad de sufrir un ataque digital es muy real. Según el Reporte sobre el Panorama de Amenazas 2026 de FortiGuard Labs, el Perú recibió el año pasado 1,700 millones de intentos de ciberataques, y diversas firmas consultoras sostienen que los sectores minero y energético están entre los objetivos preferidos por los delincuentes informáticos.
“Cada vez estamos más conectados. Entonces, mientras más tecnología exista, hay más riesgos de poder ser atacados, lo cual debemos gestionar y mitigar”, señala Emerson Flores, jefe de Seguridad de Información y Ciberseguridad de Compañía Minera Poderosa.
Gobierno sobre la seguridad
Para Flores, enfrentar el riesgo de que las operaciones de una empresa sean atacadas y paralizadas implica establecer un gobierno de seguridad de la información. “Así como existe un gobierno para cada proceso de una empresa, tiene que existir un gobierno de seguridad de la información, de modo que, cada vez que se introduce una tecnología, todos sepan cómo actuar, qué preguntar y para qué se va a utilizar, teniendo al menos un lineamiento base”, recomienda Flores.
“Si esto no se da, básicamente las áreas empiezan a utilizar por su cuenta las nuevas tecnologías y, hasta que uno se da cuenta, los riesgos ya se han materializado”, advierte.
El doble frente de la seguridad
Flores coincide en que la evolución tecnológica del sector minero energético, lo hace particularmente sensible, en particular porque hay dos frentes: la tecnología operativa (OT), donde cada vez hay mayor presencia de máquinas autónomas, salas de control y robots; y la parte de las tecnologías de la información y comunicaciones.
“Son frentes que conviven y trabajan juntos, y cada empresa tiene una realidad distinta. Pero el gobierno de IT y OT tiene que ser uno solo”, afirma Flores y revela que en Poderosa apuntan a obtener una certificación ISO sobre el tema para el año 2028. La minera está en el tercer año de implementación de su hoja de ruta, que incluye la segmentación de redes, el aseguramiento de la continuidad del negocio, construir respaldos, sensibilizar y capacitar a toda la compañía, y tener todo en una matriz con responsables y riesgos identificados.
Para Flores, se trata de mantener el gobierno de la tecnología y de concientizar constantemente a todos los colaboradores para que toda la empresa participe de la ciberseguridad.
No le falta razón, pues diversos consultores señalan que la parte más débil de las barreras es, por un lado, la parte humana; y, por otro lado, la priorización de zonas críticas que deja sectores vulnerables.
Un estudio de EY del 2026 sobre las perspectivas de los líderes mundiales en ciberseguridad revela un 36% de los activos de las organizaciones se encuentran en lo que denominan la “zona de vulnerabilidad”, es decir, el grupo de activos con un nivel de visibilidad y cobertura de ciberseguridad inferior al promedio.
Por ello, Flores recomienda a todo el sector no dejar de capacitarse y contar siempre con un assesment, de preferencia en manos de terceros, que ayuden a evaluar continuamente el nivel de seguridad de sus operaciones.
Claves de ciberseguridad para el sector minero
Por: Rafael Estrada, gerente de Sistemas de Telecomunicaciones y Control de Procesos en Compañía Minera Antamina
En los últimos 3 años, el número de ciberataques a nivel global ha experimentado un crecimiento explosivo y sostenido, con un incremento del orden del 70% en los ataques ocurridos semanalmente. Entre el 68% y el 72% de las empresas y organizaciones en todo el mundo reportaron haber sufrido al menos un evento en los últimos 12 meses.
El uso incremental de tecnologías digitales en las operaciones mineras y la convergencia entre las tecnologías de la información (IT) y las tecnologías de operación industrial (OT) han convertido a nuestro sector en uno de los blancos más atractivos para los ciberdelincuentes. Los ataques a las empresas del sector se han triplicado en el último año y en Las empresas mineras en Latinoamérica enfrentan un promedio de 2,803 ataques cibernéticos por semana, una cifra que se ubica casi un 40% por encima del promedio global.
En este entorno retador, destaca la inteligencia artificial en su rol ambivalente: como herramienta que potencia la capacidad de los ciberatacantes y que ha sido identificada como la principal fuerza impulsora del incremento de ciberataques; y como herramienta de prevención y defensa, para implementar mecanismos de monitoreo, detección y respuesta más efectivos y rápidos, que nos permitan responder a la velocidad de los atacantes. No podemos responder a ataques de redes de agentes IA con personas, necesitamos responder con velocidad de agentes de IA trabajando de manera organizada y efectiva.
Dentro de las acciones preventivas es importante considerar que, junto a la adopción de modelos de referencia junto con la implementación de controles, procedimientos e implementación de mecanismos de monitoreo, entre otros, debemos considerar dos factores fundamentales: la cultura de prevención y la ciber-resiliencia operativa.
El desarrollo de la cultura de prevención debe llevarse a cabo, de manera conjunta y permanente, con los equipos de Desarrollo Organizacional, de manera continua y con el máximo soporte de la Alta Dirección. Los procedimientos de ciber-resiliencia operativa se dan de manera integrada y conjunta con los líderes de los procesos operativos, estableciendo los mecanismos de respuesta ante eventos que interrumpan los procesos operativos regulares, mientras los equipos de tecnología restablecen los servicios regulares.
La ciberseguridad es una disciplina que se ejecuta con toda la organización, de manera integrada, conjunta y continua.



