La minería cumple un papel fundamental en el desarrollo del Perú, no solo por su contribución a la economía y la generación de empleo, sino también por su capacidad para impulsar otras actividades productivas y crear oportunidades para miles de personas. Así lo destacó Julia Torreblanca, presidenta de la SNMPE, durante su participación en el panel nacional Prosperidad: Del potencial a la oportunidad: cadenas de valor que transforman territorios, realizado en el marco de la reciente Cumbre Perú Sostenible.
A partir de la experiencia de Cerro Verde, minera ubicada en Arequipa y de la cual es vicepresidenta de Asuntos Corporativos, Torreblanca explicó cómo la minería formal puede convertirse en un articulador del desarrollo territorial, al establecer vínculos con instituciones educativas, empresas proveedoras, emprendedores y comunidades.
“La minería genera oportunidades”, afirmó al señalar que sus beneficios se extienden mucho más allá de los puestos de trabajo que ofrecen directamente las compañías. Como ejemplo, mencionó que Cerro Verde cuenta con aproximadamente 5,400 trabajadores en planilla y más de 5,000 contratistas, cuya actividad contribuye a dinamizar la economía regional.
Para Torreblanca, esta capacidad de generar empleo directo e indirecto permite construir cadenas de valor que benefician a distintos sectores de la sociedad. Se trata de un modelo que, con las particularidades de cada territorio, se reproduce en otras operaciones mineras formales del país.
Educación y empleo: cadena de oportunidades
Uno de los ejemplos que presentó fue la articulación entre minería y educación. Torreblanca recordó que, durante un proceso de expansión de Cerro Verde en 2004, la empresa necesitaba incorporar nuevas capacidades técnicas para operar sus instalaciones de procesamiento de minerales.
Ante la falta de personal especializado, se impulsó una alianza de formación técnica que recibió más de 12,000 postulaciones. Los participantes accedieron a capacitación en distintas competencias y quienes obtuvieron los mejores resultados pudieron incorporarse a la mina.
Sin embargo, el impacto de la iniciativa no terminó allí. Según explicó, otros participantes utilizaron las competencias y certificaciones adquiridas para acceder a oportunidades laborales en otras compañías mineras y empresas contratistas.
Esta experiencia demuestra cómo las necesidades de una operación pueden impulsar la formación de capital humano y fortalecer las capacidades laborales de un territorio, generando beneficios que se proyectan más allá de una sola empresa.
Emprendimiento y desarrollo más allá de la mina
Torreblanca también destacó que la contribución de la minería al desarrollo debe contemplar a quienes no trabajan directamente en esta industria. En ese sentido, resaltó la importancia de impulsar programas de capacitación y emprendimiento que permitan diversificar las oportunidades económicas.
Entre las iniciativas mencionadas figuran programas de formación en oficios como soldadura y carpintería metálica, así como experiencias orientadas a promover la inclusión financiera y la creación de negocios.
Como ejemplo, habló del programa Únicas, desarrollado por Newmont en Cajamarca, que facilita el acceso al ahorro y al crédito, principalmente a mujeres, y que, según señaló, beneficia a más de 9,000 personas. Esta iniciativa permite que sus participantes cuenten con herramientas para desarrollar emprendimientos y fortalecer su autonomía económica.
También se refirió a DreamBuilder, o Constructor de Sueños, una plataforma gratuita de formación empresarial para mujeres financiada por Freeport-McMoRan, operador de Cerro Verde, y desarrollada por Thunderbird School of Global Management. El programa ofrece conocimientos de gestión empresarial a personas interesadas en iniciar un negocio o mejorar uno existente.
Estos ejemplos reflejan que el aporte de la minería también se manifiesta en su capacidad para movilizar conocimientos, recursos y alianzas que fortalecen otras actividades económicas.
Ecosistema que multiplica el desarrollo
En su intervención, Torreblanca subrayó además que la generación de prosperidad requiere comprender las necesidades de cada territorio y promover una articulación efectiva entre distintos actores. Desde esa perspectiva, sostuvo que las empresas deben mantener una actitud de escucha para identificar las oportunidades de colaboración y orientar sus iniciativas hacia las demandas reales de la población.
Así, destacó la importancia de actuar “sin reemplazar al Estado”, reconociendo las responsabilidades que corresponden a cada institución y el papel complementario que puede desempeñar la inversión privada. “Ese es el círculo virtuoso que se puede construir”, expresó al referirse a la capacidad de las empresas para generar impactos positivos que se multiplican en la sociedad.



