En un escenario en el que las empresas destinan recursos crecientes a la transformación digital, la pregunta decisiva ya no es qué tecnología incorporar, sino qué resultado se busca conseguir. Pedro García Tortolero, Expert Associate Partner de la consultora McKinsey & Company, sostiene que un cambio tecnológico debe iniciarse, necesariamente, con un objetivo de negocio claro: el valor debe orientar las decisiones desde antes de aprobar una inversión.
“La tecnología se ha convertido en un motor de crecimiento e innovación para el negocio. La dimensión de valor debe ser utilizada en el ciclo de creación de tecnología desde un inicio, como parte de la priorización y la inversión”, afirma y aclara que el valor tiene diferentes dimensiones.
En efecto, García precisa que “el valor que genera la tecnología puede medirse de diferentes formas, como impactos operativos, cost avoidance e impacto en la bottom line”. Una investigación de McKinsey de diciembre del 2024 encontró que las empresas más exitosas en sus transformaciones tecnológicas destacaron por modernizar sus plataformas, desarrollar talento, eliminar barreras entre áreas y demostrar valor empresarial.
¿Invertir más garantiza mejores resultados?
Sin embargo, el riesgo es que, en esta vorágine de inversiones, muchas empresas no consigan resultados tangibles. De hecho, otro estudio de McKinsey de mayo del 2025, señala, como referencia, que el gasto empresarial en tecnología en Estados Unidos crece al 8% anual desde el 2022 mientras que la productividad laboral solo avanza en 2%, en promedio.
Aún así, nadie debe dejar de emprender el viaje hacia la incorporación de nueva tecnología. García indica que, “sin duda, la inversión en tecnología se mantendrá contante o al alza. Todas las organizaciones que vemos mantendrán o aumentarán sus números. La clave está en garantizar el valor de sus inversiones, teniendo una clara visión transformacional y del valor que se espera generar”
Para el especialista, quien será expositor en el TICAR 2026, el punto de partida de la inversión debe ser contar con un caso de negocio.
“La tecnología como toda inversión debe tener un caso de negocio asociado. No se debe empezar con un ‘presupuesto de tecnología’, sino con ideas que traen beneficios para el negocio y en función de los retornos, se invierte”, dijo.
¿Innovar cuanto antes?
La expansión de la inteligencia artificial introduce nuevas posibilidades, pero García considera que no modifica el principio fundamental de evaluación económica. Su aporte está en la capacidad de acelerar procesos y desarrollar soluciones.
Y hay que tener en cuenta que, apurarse en tener un lanzamiento apoyado en tecnología puede mejorar la competitividad, pero también puede consumir recursos sin crear ventajas sostenibles si el problema empresarial no está bien definido.
En el mismo sentido, el informe McKinsey Technology Trends Outlook 2024 analizó quince tendencias y destacó la expansión de la IA generativa y su relación con otras tecnologías. Su propuesta para los directivos fue considerar casos de uso, fuentes de valor, condiciones de adopción y capacidades necesarias, en lugar de asumir que toda novedad tecnológica merece una inversión por parte de las empresas.
El error de invertir en tecnología
García insiste en que el principal error que se comete es querer hacer una ‘inversión en tecnología’, cuando la tecnología debe servir al negocio y las inversiones deben perseguir un objetivo y valor de negocio establecido.
La evidencia así lo confirma. Según una encuesta global de McKinsey de marzo del 2025, más del 80% de los encuestados aún no observaba un impacto tangible de la IA generativa en las ganancias de su organización.
¿Cómo hacer un proceso exitoso?
En la transformación tecnológica, la responsabilidad por el retorno no puede recaer en un solo departamento. Para tener éxito, García recomienda a los CEO hacer trabajar a las áreas de negocios y a la de Tecnología como un solo equipo, donde se abordan problemas y oportunidades reales de la organización, y se habilitan soluciones tecnológicas que creen diferenciadores competitivos.
En esa línea, la encuesta de McKinsey publicada en diciembre del 2024, indica que los mejores resultados para el cambio tecnológico se asociaron con la eliminación de silos operativos y con una estrategia tecnológica integrada a las prioridades del negocio.
La conclusión que se desprende de las respuestas de García es concreta: antes de preguntar cuánto invertir en tecnología, una empresa debe precisar qué problema resolverá, cómo medirá el beneficio y quién será responsable de materializarlo. Solo entonces, aumentan las probabilidades de éxito de una inversión en tecnología.



