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NTT DATA: “El beneficio más concreto de la integración OT/IT es ganar tiempo para decidir”

Jaime Rebolledo, director Mining Services de NTT DATA Chile, analiza las claves para romper la brecha entre la operación y la tecnología. Más allá de conectar sistemas, la convergencia OT/IT busca que la información fluya a tiempo para corregir el rumbo antes de que el problema llegue al puerto.

¿Por qué la convergencia entre la Tecnología Operacional (OT) y la Tecnología de la Información (IT) se ha vuelto cada vez más importante para las operaciones mineras y energéticas?

Porque las preguntas que importan necesitan data de múltiples procesos. La mayoría de las operaciones mineras ya son intensamente digitales: tienen despacho de flota, modelos de bloques, control experto y control avanzado en planta, y sistemas que conocen la calidad del producto horas antes de que llegue a puerto. Cada una de esas piezas funciona bien dentro de su proceso.

El problema aparece cuando una condición que nace en un lugar se tiene que corregir en otro. Por ejemplo, cuando un problema de calidad que se detecta en el puerto tiene su palanca aguas arriba, en la planta o en la planificación. Ahí no basta con que cada sistema funcione: tienen que compartir contexto y llegar a tiempo a quien puede actuar. Eso es convergencia OT/IT en la práctica: que la operación pueda representarse y tratarse como una cadena, y no como una suma de islas bien gestionadas.

A eso se suman tres fuerzas que la vuelven urgente: plantas nuevas que llegan con tecnología distinta junto a instalaciones con años de operación, centros integrados que operan a distancia, y la inteligencia artificial, que empieza a sugerir y en algunos casos a actuar sobre el proceso.

¿Qué retos culturales y técnicos enfrentan los equipos de OT e IT al trabajar de manera integrada y cómo pueden superarlos?

El reto cultural más profundo es que cada mundo optimiza algo distinto. OT protege la disponibilidad y la seguridad del proceso, y desconfía con razón de los cambios. IT busca estandarizar, integrar y escalar. Los dos tienen razón, y por eso la frontera suele quedar en el cortafuegos: arriba gobierna IT, abajo cada área gobierna lo suyo, a veces con sus propios proveedores.

En la práctica vemos tres retos. Primero, el vínculo entre ambos mundos suele depender de una o dos personas, y cuando una se va, el canal se debilita. Segundo, los equipos de tecnología están dimensionados para sostener la operación, no para gestionar una cartera de transformación ni para acompañar al negocio a pensar qué construir. Tercero, el mismo dato significa cosas distintas en cada dominio, y nadie es dueño de ese significado cuando se envía de un área a otra.

Superar estos desafíos pasa por tres requerimientos concretos: dueños claros de las capacidades que cruzan dominios, no solo de los sistemas; un servicio de tecnología parejo, con niveles conocidos y un enlace que no dependa de una sola persona; y una cartera que se forme entre operación y tecnología, priorizada por el valor que cambia en la cadena. Lo que se pone en producción tiene que pasar a un dueño que lo siga mejorando, no quedar como un proyecto cerrado.

¿Cómo debe abordarse la convergencia OT/IT para ampliar la conectividad sin comprometer la ciberseguridad ni la continuidad de las operaciones?

Partiendo por el servicio. La pregunta correcta no es cuánta conectividad necesito, sino qué exige cada uso: una aplicación muy crítica requiere de un enlace definido y duplicado; otra puede tolerar demoras. Cuando la red se gestiona como un servicio operacional, con requisitos por uso y un responsable de extremo a extremo, ampliar la conectividad deja de ser una apuesta.

En ciberseguridad, las normas de la industria de procesos ayudan a ordenar el trabajo: dividir los sistemas de control en zonas con conexiones controladas, y que el dueño de los activos sostenga un programa permanente de inventario, gestión de vulnerabilidades, monitoreo y respuesta.

En continuidad, la pregunta incómoda es si el control de una planta puede levantarse en otro sitio, y en cuánto tiempo, si se pierde la sala donde corre. Se requiere tener una recuperación probada, más que respaldos.

Y hay una distinción que la llegada de la IA vuelve central: un sistema puede estar protegido y no ser seguro. Antes de dejar que un modelo escriba sobre el control, hay que definir sus límites, registrar lo que hace y saber quién responde por cómo decide y quién puede detenerlo.

¿Qué beneficios concretos puede generar la integración OT/IT en áreas como la eficiencia operativa, el mantenimiento predictivo y la toma de decisiones?

El beneficio más concreto es ganar tiempo para decidir. Cuando una condición se conoce horas antes, la operación puede prepararse, segregar, ajustar o cambiar de plan mientras todavía tiene alternativas. Cuando esa información llega tarde, sólo queda gestionar la consecuencia.

En eficiencia operativa, el valor aparece cuando la información de una etapa llega a la siguiente con el mismo significado: el modelo geológico que alimenta la asignación de la carga, o la condición del mineral que llega a la planta antes que el mineral mismo. En mantenimiento predictivo, el modelo vale cuando su alerta llega a quien decide la intervención, cambia lo que se hace y alguien verifica después si acertó. Sin esa vuelta, el modelo no aprende y la confianza se pierde.

Por eso conviene medir la tecnología por lo que cambia, no por lo que está instalado. Hay una escalera simple: la tecnología está disponible, se usa, llega a una decisión, cambia la actuación y se verifica el resultado. Muchas inversiones se quedan en los dos primeros peldaños. El beneficio está en los tres últimos.

¿Qué recomendación principal les daría a los líderes tecnológicos que buscan avanzar en la convergencia entre OT e IT?

Que partan por las decisiones que la operación necesita tomar como cadena, no por la plataforma. La oportunidad es hacer evolucionar capacidades que ya existen para que respondan juntas.

En concreto, recomendaría tres pasos. Primero, reconocer y preservar lo que ya funciona: casi todas las operaciones tienen piezas que cambian decisiones todos los días y que no hay que reemplazar. Segundo, elegir unas pocas preguntas que cruzan áreas y que hoy nadie puede contestar a tiempo, y construir desde ahí la información común, los dueños y las reglas que se necesitan. Tercero, fortalecer a los equipos de tecnología para que puedan gestionar una cartera de transformación y acompañar al negocio, no sólo sostener la operación del día a día.

La convergencia OT/IT es, al final, un problema de organización y de decisiones tanto como de tecnología. Quien la aborda solo como una integración de sistemas suele terminar con más conexiones y las mismas decisiones.