¿Cómo evalúa el desempeño del sector hidrocarburos peruano durante el 2025 y cuáles fueron los factores —operativos, regulatorios o geopolíticos— que tuvieron mayor impacto en su evolución?
Consumimos casi 300 mil barriles de petróleo y derivados por día y solo producimos 40 mil, sin contar con el aporte de Camisea para la producción de derivados como el GLP. La única forma de reponer, incrementar reservas y producción es incentivando la inversión en actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. Lamentablemente, en los últimos años, Perúpetro (el organismo promotor de las inversiones en el sector) no cumplió con este objetivo y, por el contrario, se dedicó a propiciar la terminación de contratos. Eso es no es aceptable en un país que necesita inversión petrolera a gritos. Nunca estuvimos tan mal como estamos ahora.
¿Qué avances, hitos o decisiones relevantes marcaron positivamente el sector este año, tanto en exploración y producción como en infraestructura, comercialización y normativas?
No identifico ningún hito. Por el contrario, los hitos –absolutamente negativos– serían los nefastos resultados de las licitaciones de lotes que hizo Perúpetro. Frente a esos fracasos, la producción siguió cayendo, las reservas siguieron disminuyendo y así, el futuro se hace cada día más complicado. No se puede aceptar que Perúpetro siga evaluando a las empresas con un reglamento de calificación de interesados aprobado el año 2021 que es realmente malo. Bajo ese reglamento calificaron empresas incalificables y descalificaron a empresas 100% calificables.
En un contexto de precios internacionales volátiles, ¿cómo interpreta las tendencias de inversión en upstream y downstream registradas en el 2025, y qué señales deberían observarse de cara al 2026?
No es que no haya inversión petrolera o que ya no haya interés de las compañías petroleras, lo que pasa es que el Perú no ofrece condiciones competitivas que reviertan el desinterés de las petroleras por venir al Perú. Para que vengan inversionistas y mejor aún, para que no se vayan los que vinieron, hay que hacer cambios profundos en la política petrolera del Perú y eso desborda a Perúpetro. Mientras haya funcionarios en el Estado y sobre todo en el Ministerio de Economía y Finanzas, que creen que Perú es tan competitivo en recursos y costos como Kuwait, no vamos a ningún lado.
De manera específica, ¿cuáles considera que serán los dos principales desafíos para el sector hidrocarburos en el 2026 en materia de competitividad, producción, seguridad y transición energéticas?
Así como están las cosas, no serán dos desafíos, sino muchos más. Para comenzar, el upstream petrolero en el Perú tiene como piedra angular a Perúpetro. El caso es que ella se ha debilitado institucionalmente y hoy ya no es la promotora de la inversión y de las actividades de hidrocarburos para lo que fue creada. Desde el 2021, Perúpetro se ha manejado con gerencias encargadas a profesionales jóvenes sin experiencia y aun cuando hayan hecho lo mejor dentro de sus capacidades, no tenían la experiencia para encarar un contexto como el que hemos tenido en los últimos años, incluida la pandemia por la COVID-19. Para devolverle competitividad al Perú como plaza para la inversión petrolera, se tiene que comenzar por fortalecer Perúpetro, no solo en funciones; sino, y sobre todo, en funcionarios.
Pensando en el mediano plazo, ¿qué medidas estratégicas considera indispensables para reposicionar al sector hidrocarburos dentro de la matriz energética nacional y asegurar un marco atractivo para nuevas inversiones hacia 2030?
Es perentorio revisar y modificar algunos artículos de la Ley de Hidrocarburos, sobre todo aquellos que se han convertido en barreras para la inversión. Después debe revisarse y modificarse los reglamentos de la Ley de Hidrocarburos. No es posible que en el Perú haya lotes que pagan 40% y hasta 50% de regalías, cuando en los países de la región, se pagan regalías que van de 5% al 12%. La última vez que se dieron leyes promotoras de la inversión petrolera fue en el año 2003, hace 22 años. Todo el mundo está orientado a acelerar la explotación de los hidrocarburos y aquí en el Perú seguimos discutiendo sobre otros temas.
¿En medio del panorama que relata, cómo se explicaría, entonces, el interés de Chevron por explorar suelo peruano y la venta de Primax a UNO Corp?
En realidad, el interés de Chevron como el de otras grandes petroleras está puesto en el offshore (operaciones en el mar). Tal es el caso de Chevron respecto de los lotes del zócalo continental en el que ahora participa junto con Anadarko. Salvo las posibilidades de la selva sur cuyo interés se dirige a su potencial gasífero, no hay mucho movimiento en cuanto a los lotes de la selva. De otro lado, la venta de participación del Grupo Romero a UNO Corp en Primax corresponde al último eslabón de la cadena de hidrocarburos; esto es, a la comercialización de combustibles. En el Perú la demanda interna de combustibles derivados de los hidrocarburos sigue creciendo, como también la intención de UNO de consolidar su presencia en la región.
¿Cómo ve el negocio del gas natural? Se han anunciado inversiones para expandir las redes y seguir masificando la industria, pero ¿qué podemos esperar en este sector?
El crecimiento de redes para intensificar el consumo interno de gas natural es bueno, pero lo sería mucho más, si es que el Estado toma medidas orientadas a incentivar la exploración de gas natural a nivel nacional y, sobre todo, en la selva sur. Solo explorando y descubriendo nuevas reservas es posible reponer las que estamos consumiendo. A la fecha, esa es una tarea pendiente por parte del Estado y específicamente por parte de Perúpetro.
Ante los recientes cambios en el Directorio de Petroperú y su delicada situación financiera, ¿cuáles deberían ser las prioridades inmediatas de la nueva gestión para revertir la situación de la empresa estatal de combustibles?
Lo más urgente es la reestructuración financiera que permita contar con liquidez para afrontar su cúmulo de deudas; sobre todo la deuda que tiene con los proveedores de crudo para la refinería de Talara que son las contratistas del Noroeste. Por otro lado, no debe obviarse la importancia de la auditoría forense y que no sea solo respecto de la Refinería de Talara, sino que involucre también la gestión de Petroperú en todos los frentes, especialmente en los últimos tres años.



