La anemia infantil es uno de los principales desafíos de salud pública en el Perú. La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2024 indica que el 35.3% de niños de 6 a 35 meses padece esta condición, asociada a dificultades en el desarrollo cognitivo, mayor riesgo de enfermedades y menores oportunidades a futuro.
En ese contexto, lo ocurrido en el distrito de Pataz, en La Libertad, resulta particularmente relevante. En un año, la anemia en niños de 6 a 35 meses pasó de 31.2% en el 2024 al 6% al cierre del 2025, según datos del Sistema de Información del Estado Nutricional (SIEN), del Ministerio de Salud.
Detrás de este logro hay un modelo de intervención sostenido y articulado, impulsado por Asociación Pataz —organización financiada por Minera Poderosa— en coordinación y trabajo conjunto con la municipalidad distrital, microred de salud, y promotoras de salud, a través del proyecto Unidos por la Mejora de la Salud Materno-Infantil en el Distrito de Pataz.
“El resultado es notable. Incluso para nosotros ha sido sorprendente ver cómo los indicadores iban bajando mes a mes. Es un trabajo que se ha construido sumando actores, con confianza, transparencia y un objetivo común”, señala Marlene Rojas, responsable del proyecto.
Enfoque integrador
El enfoque parte de una premisa: la anemia no se aborda de manera aislada. La intervención incluye seguimiento desde la gestación, monitoreo continuo de madres y niños, capacitación a las madres, fortalecimiento de capacidades de promotoras de salud, fortalecimiento del personal de salud y mejoras en los sistemas de información. Uno de los elementos centrales ha sido la identificación nominal de los niños, que permite hacer seguimiento individual y asegurar la atención oportuna.
Un componente clave del modelo es el trabajo de las promotoras de salud. Organizadas en asociaciones locales, recorren largas distancias en un territorio complejo para visitar a las familias, orientar prácticas de alimentación, cuidado de la salud y verificar el consumo de suplementos de hierro para asegurar su adherencia.
“Ellas son quienes llegan directamente a las familias, sensibilizando a las madres gestantes para que acudan a los establecimientos de salud y lleven un adecuado control de su embarazo, así como para que el parto se realice en condiciones seguras. Además, orientan a las madres para que sus niños reciban atención en CRED y completen su esquema de vacunación. También enseñan prácticas adecuadas de cuidado y alimentación infantil, y verifican el consumo de suplementos. Sin su valiosa labor, estos resultados no habrían sido posibles”, afirma Rojas.
Su trabajo también ha sido importante en la educación alimentaria. A partir de insumos disponibles en la zona, el proyecto promovió la elaboración de harinas a base de menestras y cereales locales, utilizadas en sesiones demostrativas con familias a través de la llamada “mochila de hierro”, una herramienta práctica que contiene alimentos e información para mejorar la nutrición infantil.
A partir de esta experiencia, se impulsó además un pequeño centro de procesamiento local que produce estas harinas con fines comerciales. La iniciativa busca que las promotoras generen ingresos propios y que la intervención pueda sostenerse en el tiempo.
“La idea es que ellas puedan generar sus propios recursos y continuar con la promoción de la salud sin depender exclusivamente del apoyo externo”, explica Rojas.
Próximos desafíos
El caso de Pataz muestra que la reducción de la anemia requiere coordinación, trabajo conjunto y responsable entre actores, continuidad en las intervenciones y capacidad de adaptación en el territorio. También evidencia el rol que pueden cumplir las alianzas entre sector privado, Estado y comunidad en contextos donde los servicios públicos enfrentan limitaciones.
De cara a los próximos años, el desafío será sostener los avances alcanzados. Esto implica mantener bajos niveles de anemia y desnutrición, fortalecer el rol de las promotoras y consolidar los espacios de articulación local.
“Nos gustaría ver un Pataz con los niveles más bajos de anemia, con autoridades comprometidas y con promotoras empoderadas, con recursos propios para seguir trabajando por la salud de sus comunidades”, concluye Rojas.



