¿Qué criterios deberían considerar las empresas para priorizar sus inversiones tecnológicas y asegurar un retorno medible?
Hay tres factores críticos para el éxito de la transformación digital y la incorporación de tecnología en las compañías.
El primero tiene que ver con el valor agregado o el beneficio que una solución puede generar para los socios de negocio, ya sean proveedores o clientes. Puede haber muchas soluciones, pero el éxito de la transformación digital depende de cómo contribuyen a mejorar u optimizar los procesos de integración en la cadena de valor entre proveedores y clientes. Esto implica reducir los tiempos de respuesta y procesamiento, eliminar cuellos de botella logísticos, acelerar la toma de decisiones y automatizar procesos que antes requerían numerosas validaciones manuales. Además, se debe buscar la máxima eficiencia operativa.
El segundo factor es el costo. Toda solución que genere un beneficio debe evaluarse no solo por la inversión inicial (CapEx), sino también por los gastos operativos (OpEx). Es decir, hay que considerar cuánto costará mantener y operar la tecnología después de su implementación. Muchas veces se adopta tecnología sin tener claros los costos que implicará a mediano y largo plazo. En algunos casos, los proveedores recuperan su inversión inicial mediante los costos posteriores.
El tercer factor es el contexto y la coyuntura de la organización, el país y la región. Las condiciones globales no necesariamente afectan de la misma manera a Sudamérica o Latinoamérica que a Norteamérica o Medio Oriente. Por eso, también deben considerarse los acontecimientos sociales y políticos, así como las condiciones tributarias, fiscales y financieras de cada país.
¿Cómo evaluar el retorno de estas inversiones?
La adopción temprana de una tecnología puede generar ventajas importantes, pero también puede implicar costos de mantenimiento que no se habían previsto. Debemos tener una perspectiva amplia de los costos que se asumirán a mediano y largo plazo.
Nosotros utilizamos un modelo que nos permite evaluar cuatro aspectos.
El primero es identificar qué aplicaciones existentes serán reemplazadas por la nueva tecnología. Por ejemplo, si introducimos una aplicación para procesar electrónicamente las facturas de los proveedores, debemos identificar qué aplicación antigua será sustituida. A partir de esa comparación, establecemos una base para evaluar los costos y entender las diferencias entre el mantenimiento de la plataforma actual y el de la nueva.
El segundo aspecto es el tiempo y el esfuerzo necesarios para la implementación. La adopción de nuevas tecnologías puede permitir despliegues más rápidos, pero también debemos considerar el tiempo y los recursos que requerirán el soporte y el mantenimiento de las aplicaciones. Estos costos no son menores y deben incluirse para tener una visión clara de los gastos operativos de la nueva plataforma.
El tercer aspecto comprende las características técnicas adicionales que necesitará la aplicación. Por ejemplo, en una solución para digitalizar documentos mediante un asistente o un robot de software, debemos evaluar qué otros componentes requiere la plataforma. Hay que determinar si el procesamiento se realizará en la nube (cloud) o en servidores propios, y si será necesario integrar otras aplicaciones en la arquitectura tecnológica. Todo ello tiene un costo que debemos contemplar.
Finalmente, evaluamos los costos ocultos que pueden surgir por actualizaciones de versiones, nuevas funcionalidades o actualizaciones que no estén incluidas en el paquete contratado, como aquellas que respondan a cambios en las condiciones locales, financieras o fiscales del país. Por eso, uno de los factores clave es identificar tanto los costos visibles como los ocultos para determinar la inversión total y los beneficios esperados.
Hoy la creación de valor también incluye la eficiencia energética, el uso del agua y la seguridad. ¿Cómo pueden las nuevas tecnologías contribuir a mejorar estos indicadores en las plantas concentradoras?
En Weir ofrecemos soluciones integrales que cubren toda la cadena de valor de nuestros clientes de los sectores minero y de petróleo y gas. Estas soluciones se desarrollan desde las etapas iniciales de los proyectos, tanto greenfield (nuevas instalaciones) como brownfield (existentes), hasta la puesta en marcha y el comisionamiento (verificación y puesta en funcionamiento de equipos o instalaciones). También nos encargamos del mantenimiento posterior, por lo que buscamos acompañar al cliente a lo largo de toda la cadena de valor.
Durante los últimos 15 años, Weir ha invertido en desarrollar equipos más sostenibles y optimizar el consumo de recursos. Para nosotros, es fundamental utilizar menos agua y energía, reducir los desperdicios y lograr que los equipos sean más económicos de operar. También buscamos prolongar los periodos entre mantenimientos y evitar interrupciones operativas, de modo que los clientes puedan mantener sus operaciones durante más tiempo. La eficiencia energética y el uso óptimo de los recursos naturales son pilares de nuestra estrategia global.
¿Qué factores son clave para que una solución tecnológica pase del piloto a la operación y genere realmente valor?
Cuando desplegamos una tecnología, una etapa crítica es identificar a los socios con los que trabajaremos durante su implementación. Una vez identificados, realizamos pruebas prolongadas para recopilar información y recibir comentarios de los distintos actores involucrados y de los usuarios clave de la aplicación.
En Weir buscamos integrarnos tanto vertical como horizontalmente con nuestros proveedores y clientes para tener una visión completa del proceso de adopción tecnológica. Esto nos permite reunir la información necesaria, realizar ajustes y perfeccionar la solución mediante ciclos sucesivos de pruebas. El objetivo es que la tecnología responda de la mejor manera posible al caso de negocio o al problema que se busca resolver.
El segundo factor es el análisis de la información. Contamos con un equipo interno de data science que dedica tiempo a procesarla y presentarla de manera útil para la toma de decisiones a partir del modelos de procesamiento de información que hemos perfeccionado.
El tercer factor es la investigación y el desarrollo. Antes de decidir cuál es la mejor tecnología o herramienta para implementar, realizamos pruebas e investigamos las alternativas disponibles en el mercado. A nivel global, contamos con equipos dedicados a identificar oportunidades tecnológicas, seleccionar socios y evaluar las mejores propuestas.
En la mesa redonda del TICAR en la que participará se hablará sobre inversión y estrategia tecnológica. ¿Qué pregunta cree que deberían hacerse los ejecutivos antes de decidir dónde invertir en tecnología?
Mi reflexión tiene que ver con los tiempos de adopción e implementación de las tecnologías. Si comparamos el sector tecnológico actual con el de hace 20 años, los procesos de análisis, evaluación e implementación de aplicaciones podían tomar fácilmente un par de años. Hoy, estos plazos se han reducido a meses. La evolución de las tecnologías ha acelerado las etapas de evaluación de factibilidad, desarrollo e implementación.
Sin embargo, esta aceleración también implica riesgos. Debemos tener la capacidad de identificar brechas de seguridad, prevenir una adopción inadecuada de la tecnología y evitar que personas no autorizadas accedan a la información que procesan las compañías.
Los avances recientes de la inteligencia artificial también ponen de relieve la importancia de proteger la información. Por eso, considero fundamental preguntarnos cómo podemos garantizar marcos de seguridad de la información sólidos y eficientes, a pesar de la rapidez con la que adoptamos nuevas tecnologías.
El desafío es que la adopción de nuevas tecnologías permita mejorar la eficiencia de las operaciones y reducir los cuellos de botella, pero que, al mismo tiempo, existan políticas y procedimientos suficientemente sólidos para prevenir brechas de seguridad y filtraciones de información confidencial. Este es un aspecto crítico.



