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JUAN CARLOS ORTIZ- IIMP
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Cajamarca: promesa de riqueza minera

Pese a contar con una cartera de proyectos que supera los US$ 16,500 millones, la región norteña registra la mayor tasa de pobreza del Perú. “Tramitología”, conflictividad social, minería ilegal y brechas de infraestructura mantienen estancado su potencial, en una coyuntura global marcada por altos precios de los minerales. ¿Despertará de ese letargo?

Por tercer año consecutivo, Cajamarca es la región que registra la mayor tasa de pobreza del Perú. Según datos del INEI, en el 2024 este indicador se mantuvo en 45%. En tanto, la pobreza extrema registró su nivel más alto desde el 2016 (18.1%), al alcanzar 19.7% de los cajamarquinos, ubicándose como la región con mayor pobreza extrema por cuarto año consecutivo.

Resulta paradójico que, a pesar de ser conocida como una región líder en la producción minera del Perú, especialmente de oro, Cajamarca se ubique hoy en el último lugar del nivel de ingresos de su población. Y es que, pese a que la minería se ha consolidado como uno de los principales motores de desarrollo económico del país, la región evidencia que la disponibilidad de recursos minerales no siempre se traduce en crecimiento.

Factores estructurales

Para Domingo Drago, vicepresidente de Asuntos Externos, Comunicaciones y Gestión Social de Gold Fields Región Américas, la situación de Cajamarca responde a factores estructurales, como la insuficiente inversión en infraestructura, educación y servicios básicos, así como a debilidades en la planificación territorial y en la gestión pública.

Durante años, sostiene el ejecutivo, la actividad económica no logró articularse adecuadamente con el desarrollo local y la mejora en la calidad de vida de la población. “Las inversiones deben planificarse de manera que generen sinergias, compartan infraestructura, reduzcan la huella ambiental y mejoren su viabilidad financiera”, señala Drago.

Paola Herrera, economista sénior del Instituto Peruano de Economía (IPE), identifica tres factores que restringen la inversión minera: exceso regulatorio (tramitología), conflictividad social y la expansión de las economías ilegales, particularmente la minería informal e ilegal.

“Tenemos un entorno de precios internacionales elevados que incentiva no solo a la inversión privada, sino también a estas actividades ilegales que vienen avanzando e invadiendo concesiones, afectando a regiones como Cajamarca, donde ya se ha reportado, por ejemplo, en la zona del proyecto Conga, la presencia de minería ilegal. Si analizamos la ubicación geolocalizada de los [permisos del] Reinfo, estos han terminado siendo un paraguas para actividades ilegales. También vemos muchos Reinfo alrededor de otros proyectos como Caimolache y el mismo Yanacocha. Ese es un problema que se ha venido agravando y afecta a Cajamarca”, explica Herrera.

La visión de las empresas

Desde la perspectiva empresarial cajamarquina, la desconexión entre riqueza minera y desarrollo económico para la región se explica porque los proyectos mineros que se han ejecutado en los últimos años no lograron una conexión con los principales sectores que también dinamizan la economía.

“No se ha dado un match con el sector turismo, construcción o de servicios, que es inmenso. Tampoco se ha logrado conectar con las cadenas productivas locales. El reto está en lograr que estos grandes capitales se articulen con los demás sectores que dinamizan la economía”, argumenta Samuel Ortiz, presidente de la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca.

Para conocer su posición sobre este tema y este reportaje, intentamos entrevistar a Roger Guevara, gobernador regional de Cajamarca, pero no tuvimos éxito.

Potencial estancado

De acuerdo con las últimas cifras del Boletín Estadístico Minero (BEM) del Ministerio de Energía y Minas (MINEM), Cajamarca cuenta con siete proyectos mineros de cobre y oro que suman una inversión que supera los US$ 16,586 millones.

No obstante, la región se encuentra en una carrera contra el tiempo. Por un lado, la producción de las grandes minas que operan allí viene decayendo, debido al agotamiento de reservas y, por otro, dado el estancamiento de la inversión minera en Cajamarca, ningún proyecto nuevo está encaminado. Por ello, reactivar y aprovechar el potencial minero cajamarquino no parece una tarea sencilla.

A ello se suma la inflación de los gastos de capital (inversiones o CAPEX) en la industria minera. Víctor Gobitz, presidente de Quilla Resources, indica que varios proyectos en la región presentan tasas internas de retorno cercanas al 15%, consideradas ajustadas en el contexto actual y dados los riesgos operativos, geológicos, ambientales y de mercado.

“Para que un proyecto tenga una mejor rentabilidad hay que bajar la inversión inicial desarrollando infraestructura común o logrando que un tercero lo haga, en lugar de que sea parte de la inversión y se convierta en un costo de operación. Si alguien hace una línea de transmisión o un concentraducto y esa inversión se convierte en un contrato, el gasto de capital inicial del proyecto baja. Además, todos los proyectos que están en Cajamarca están bien estudiados, pero no tienen leyes de cobre altas, todos están por debajo del 0.8% y enfrentan CAPEX muy altos. Una estrategia es buscar sinergia entre ellas”, refiere Gobitz.

De esta forma, la falta de infraestructura es otro factor por el que los proyectos mineros no avanzan. “Hay una complejidad por algunos proyectos que están en zonas más alejadas, donde no llegan los servicios básicos y es mucho más complejo adentrarse. El proyecto de cobre La Granja (desarrollado por First Quantum y Rio Tinto) tiene esos problemas por la ubicación geográfica y también por la falta de infraestructura o, por ejemplo, de transitabilidad. Hay todavía una brecha por cerrar”, afirma Herrera.

En esa línea, desde el MINEM agregan otros desafíos vinculados principalmente a la gobernanza territorial, la articulación entre los distintos niveles de Gobierno y la necesidad de brindar mayor predictibilidad y seguridad jurídica a las inversiones.

“[En Cajamarca] persisten retos asociados a la eficiencia de los procesos regulatorios, el cierre de brechas de infraestructura y el desarrollo de capacidades y encadenamientos productivos locales, elementos fundamentales para mejorar la competitividad de los proyectos mineros en la región”, refiere el MINEM.

Conga, el punto de inflexión

El conflicto social desatado por el proyecto Conga, de Yanacocha, en el 2012 marcó un antes y un después en la inversión minera de Cajamarca. El proyecto de la estadounidense Newmont y la peruana Buenaventura fue rechazado por comunidades que advertían graves riesgos para lagunas y manantiales. Desde aquel episodio, ningún proyecto minero nuevo de envergadura ha podido avanzar.

“Conga dejó una huella profunda en Cajamarca. A partir de ese episodio, se instaló un clima de desconfianza que, con el paso de los años, no ha sido suficientemente abordado o no se ha abordado de manera integral”, afirma Drago.

Desde la experiencia de Gold Fields, el ejecutivo refiere que superar esta situación requiere más que anuncios de inversión. “Es indispensable fortalecer el diálogo temprano y permanente, cumplir de manera estricta los compromisos ambientales y sociales, y asegurar que los beneficios de la actividad minera se traduzcan en mejoras concretas para las comunidades. Solo a través de confianza, la predictibilidad y una agenda compartida de desarrollo territorial será posible destrabar inversiones y avanzar hacia una minería que conviva de forma sostenible con Cajamarca”, señala el experto.

Al respecto, el MINEM coincide en que la falta de consensos sostenidos ha limitado la continuidad de inversiones y el desarrollo de encadenamientos productivos. “Superar esta desconexión requiere fortalecer la gobernanza regional, mejorar la calidad del gasto y asegurar que la actividad minera se integre de manera más efectiva a una estrategia de desarrollo territorial de largo plazo”, explican en el ministerio.

Pese a que actualmente se registran pocos conflictos sociales activos en Cajamarca, según reporta la Defensoría del Pueblo, la región no ha superado la experiencia de Conga. No obstante, casos en otras regiones demuestran que es posible retomar un proyecto minero. Por ejemplo, Tía María, proyecto cuprífero de Southern Perú Copper Corporation en Arequipa que, tras más de una década de paralización, finalmente fue reactivado y se encuentra en etapa de construcción.

Para Ortiz, la reactivación de Tía María fue posible por la constante participación del sector privado al dar alternativas y generar espacios de conversación, ante el temor a la contaminación ambiental y la afectación de la actividad agrícola de la comunidad. “[Southern] se ha valido de las mejores entidades para tratar temas técnicos con la población, como el Colegio de Ingenieros del Perú (CIP) o el mismo MINEM para hablar sobre el tema de permisos o agua. Ha habido un interés de socializar y comunicar mejor el proyecto. En cambio, en Cajamarca [la empresa] hizo esfuerzos limitados e insistieron con su visión de proyecto y se perdió la oportunidad”, apunta el líder de la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca.

Otra visión tiene Gobitz: “El Grupo México, que tiene el proyecto Tía María, está concentrado en la región y tiene proyectos en México, Ecuador y el Perú. En cambio, Newmont es una organización global y cuando un Estado, como el Perú, pone trabas y no resuelve los problemas de una invasión o una oposición a un proyecto como Conga —que ya había obtenido el permiso ambiental y el de construcción—, pues destina sus inversiones a otros proyectos. La minería es una industria global y competimos con otras jurisdicciones para que la inversión llegue al país”.

Si bien Tía María es un ejemplo de cómo un proyecto que fue cuestionado socialmente puede ser “destrabado”, en Apurímac, Las Bambas es una muestra del impacto de la minería en el desarrollo de la región. “Con el inicio de Las Bambas, en el 2016, la región pasó de ser la más pobre del Perú a estar a media tabla. Indudablemente, es un avance con muchos espacios aún por mejorar, pero cuando se aprovechan los recursos que da la minería, se puede lograr un mayor impacto social”, detalla Herrera.

Rol del Estado y la gestión del canon

Todos los especialistas consultados para este informe coinciden en el rol que debe tener el Estado para mediar entre las empresas y la población cajamarquina, para destrabar la cartera de proyectos mineros.

Ortiz propone recurrir a las Agencias Regionales de Desarrollo (ARD) como espacio multiactor que convoca al sector público, al sector privado, la academia y la sociedad civil. “A través de este espacio deberían ingresar estos grandes proyectos para que, de manera conjunta, con la visión de desarrollo territorial que tiene la ARD, se genere el desarrollo de la región”, indica el ejecutivo.

Por otro lado, para Herrera resulta fundamental el puente que debe lograr el Estado entre empresa y población: “Es responsabilidad del Ministerio [de Energía y Minas]. Tiene la Oficina General de Gestión Social, que es la que se encarga de las comunicaciones con la ciudadanía y con las comunidades. Es necesario también que tenga mayores recursos y personal para gestionar de forma eficiente las consultas previas”.

Esto también debe venir acompañado de una ejecución eficiente de los recursos generados por la actividad minera. En el 2025, Cajamarca recibió más de S/ 576 millones por concepto de canon minero, regalías y otros, y, según el Gobierno Regional, cerró el año con una ejecución cercana al 90% de su presupuesto, que ascendió a S/ 992 millones.

“En Cajamarca cerca del 40% de todos los recursos del canon y las regalías mineras no se han ejecutado en promedio en la última década. Las municipalidades o incluso el gobierno regional tienen un problema porque cada año reciben más recursos, pero su capacidad de ejecución no va al mismo ritmo por falta de capacidades técnicas”, advierte Paola Herrera. Esto, además, puede ser una de las causas del avance de la minería ilegal, explica, pues al no destrabarse la ejecución de proyectos formales, estos pueden quedar expuestos a la invasión de su concesión por parte de esta economía informal.

De esta forma, la región enfrenta un momento decisivo. En un escenario internacional marcado por un nuevo ciclo de altos precios y una demanda creciente de minerales críticos —entre ellos el cobre—, la región cuenta con recursos y proyectos identificados. No obstante, superar los desafíos que plantea ejecutar grandes proyectos será crucial para que Cajamarca logre su ansiado desarrollo y recupere su sitial como epicentro minero del Perú.