El geólogo y catedrático de la Universidad de Barcelona, Joaquín Proenza, afirmó que no será posible avanzar hacia una transición energética y digital sin una minería capaz de descubrir, extraer y procesar minerales críticos a una escala sin precedentes.
Durante su exposición “Reflexiones sobre minerales críticos y minería para una transición energética sostenible”, presentada en el SIMPOSIO – XVI Encuentro Internacional de Minería, organizado por la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), Proenza sostuvo que la minería cumple un rol central en el nuevo escenario global, marcado por el crecimiento de las energías renovables, la digitalización, la inteligencia artificial y la competencia por cadenas de suministro seguras.
“Sin minería no hay transición energética y digital, pero tampoco habrá minería sin sostenibilidad”, señaló. En esa línea, remarcó que la sostenibilidad debe entenderse como una estrategia crítica y multidimensional para todas las operaciones mineras, no solo como un requisito ambiental, sino como una condición indispensable para la continuidad y legitimidad de la industria.
Proenza explicó que el despliegue acelerado de tecnologías limpias requeridas para la transición energética implica un aumento significativo de la demanda de minerales. Indicó que, hacia el 2050, la matriz energética mundial estará cada vez más dominada por fuentes renovables, especialmente solar y eólica, tecnologías que consumen una cantidad mucho mayor de materiales que aquellas basadas en combustibles fósiles. “El gran reto de la industria minera es descubrir, extraer y procesar recursos minerales a una escala sin precedentes”, afirmó. Añadió que la demanda de minerales críticos podría hasta cuadruplicarse en las próximas décadas.
En ese contexto, sostuvo que la seguridad energética dependerá cada vez más de la seguridad en la cadena de suministro de minerales críticos. Por ello, afirmó que los países deben desarrollar políticas mineras claras para garantizar el acceso a estos recursos, en un escenario donde los minerales críticos se han convertido en un asunto de autonomía estratégica y seguridad nacional.
El especialista advirtió que la concentración global en la capacidad de procesamiento de minerales críticos tiene implicancias geopolíticas de primer orden. En particular, señaló que China está trabajando por una posición de liderazgo en esta etapa clave de la cadena de valor, lo que ha llevado a que cada vez se hable más de “minería geopolítica”. “Los recursos minerales críticos y no críticos ya definen el mapa del poder del siglo XXI”, sostuvo.
Ante ese escenario, Proenza destacó el enorme potencial de América Latina y el Caribe para diversificar la oferta global de minerales críticos. Indicó que la región se ubica entre los principales productores de cobre, litio, niobio, hierro, aluminio, plata, plomo y zinc, y cuenta además con potencial para níquel, cobalto, metales del grupo del platino y otros recursos estratégicos.
Sin embargo, advirtió que esta oportunidad debe ser capitalizada a lo largo de toda la cadena de valor. Para ello, consideró necesario promover políticas industriales estratégicas, generar capacidades tecnológicas, incentivar proyectos de procesamiento, refinación y reciclaje, e integrar a la región en cadenas globales de suministro. “Sin industrialización se pierde una parte importante del valor de la materia prima mineral”, remarcó.
Proenza también destacó la importancia de diversificar las fuentes primarias de minerales críticos. Si bien los yacimientos convencionales seguirán siendo la principal fuente de suministro, llamó a prestar mayor atención a los depósitos minerales no convencionales, las balsas de residuos mineros, los relaves y los subproductos minerales.
En esa línea, sostuvo que la minería debe avanzar hacia un concepto de “valor total”, en el que ningún mineral o metal con valor económico termine desaprovechado en una balsa de residuos. Como ejemplo, mencionó el caso de Mina San Vicente, en Chanchamayo, región de Junín, con un enorme potencial para recuperar elementos estratégicos como galio, germanio o cobalto desde fuentes que tradicionalmente no fueron consideradas como parte central del negocio minero.
Finalmente, Proenza señaló que transformar pasivos mineros en recursos representa una oportunidad para reducir impactos ambientales y, al mismo tiempo, ampliar la disponibilidad de minerales críticos. “Ningún metal, ningún mineral que tenga valor económico, debería terminar en una balsa de residuos”, concluyó.
Fuente: VXI SIMPOSIO.



