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Southern Perú: “En Lambayeque, Cajamarca y Piura hay un cinturón de yacimientos de cobre bastante interesantes”

Desde Adentro conversó con el vicepresidente de Finanzas y CFO de Southern Perú Copper Corporation, Raúl Jacob, sobre el potencial de Cajamarca y de los próximos proyectos de la empresa minera en el Perú.

Desde Adentro conversó con el vicepresidente de Finanzas y CFO de Southern Perú Copper Corporation, Raúl Jacob, sobre el potencial de Cajamarca y de los próximos proyectos de la empresa minera en el Perú.

Durante su participación en uno de los eventos Rumbo a PERUMIN dijo que la producción de cobre en el Perú podría incrementarse hasta en 50% si se desarrollan los proyectos mineros de la Macrorregión Norte. ¿Cuál es el potencial minero de la región que no estamos aprovechando?

Lambayeque, Cajamarca y Piura: entre esas tres regiones hay un cinturón de yacimientos de cobre bastante interesantes que, si pudieran desarrollarse, agregarían como un millón 200 mil toneladas de cobre anuales a la producción nacional. La producción nacional está en 2.8 millones de toneladas al año. Entonces, sería una contribución muy fuerte. Si le agregamos Conga a estos proyectos —que, por el momento ‘salió del radar’ de Newmont— tendríamos un millón y medio de toneladas y, con esto, tendríamos un incremento del 50% en la producción de cobre del Perú. Además, por las características que tiene este cinturón de yacimientos, permitirían hacer una serie de obras de infraestructura de gran calado, como, por ejemplo, un ferrocarril. Porque si hablamos de un millón 200 mil toneladas anuales de cobre contenido en concentrado de cobre en estos proyectos, son como 5 millones de toneladas al año. Eso hace factible el desarrollo de un tren que conectaría todos estos yacimientos, arrancando, por ejemplo, en la Sierra de la Libertad, entrando luego a Cajamarca, y luego yéndose hacia la costa, hasta Piura. El lugar ideal, a primera vista, para que este ferrocarril llegue, es la costa de Bayóvar, donde ya hay un puerto que se utiliza para la exportación de fosfato y que podría, a su vez, albergar un nuevo complejo de fundiciones y refinerías para procesar esta cantidad inmensa de cobre que podría producirse entre Cajamarca, Lambayeque y Piura, siendo Cajamarca el principal de los tres.

¿Qué proyectos mineros destacaría de Southern en Cajamarca?

Uno es Michiquillay, que es 100% de Southern. Es un proyecto que está enfocado en producir aproximadamente 225 mil toneladas de cobre al año. Además, es un metal de una gran calidad. Nosotros hemos trabajado los primeros dos años en firmar los acuerdos con las comunidades de Michiquillay y La Encañada. Tenemos una buena relación con las dos. Ambas están trabajando de manera bastante armoniosa con la compañía y hemos empezado el proceso de perforación para tratar de identificar el potencial geológico del proyecto. Este es un proyecto que tiene una alta calidad de mineral, con unas características que lo hacen muy atractivo. Entonces, estamos realmente muy animados en seguir adelante con Michiquillay, trabajando mano a mano con la comunidad porque en este caso sí va a haber algunos desafíos importantes.

¿Cuáles serían estos desafíos?

Por ejemplo, vamos a tener que reubicar a una parte de la población que está sobre la zona del mismo proyecto. Entonces, eso siempre requiere un trabajo más fino y estamos trabajando en eso. Formamos parte del Fondo Social Michiquillay, que se abastece en parte con los pagos que hacemos nosotros por el proyecto. El Fondo Social está trabajando bien, hemos incrementado de manera importante el nivel de actividad del fondo. Anteriormente, previo a Southern, gastaba más o menos US$ 5 millones al año. Esa cifra la hemos subido a un poco más de US$ 20 millones. Entonces, a la vez que se hace el trabajo social mediante el Fondo y nuestros propios recursos, estamos avanzando y desarrollando el trabajo técnico en la parte de exploración. Los resultados son buenos y eso nos anima.

Southern Perú ha señalado que la producción de Michiquillay empezaría en 2029. ¿Se mantienen los plazos?

Sí, hicimos una revisión de las fechas estimadas al arranque de nuestros proyectos y en el caso de Michiquillay se ajustó la que teníamos originalmente al año 2029. Esto se debe a que hay una serie de labores que lamentablemente no se pueden hacer de manera simultánea. Por ejemplo, tenemos que terminar la etapa de exploración para luego pasar al estudio de factibilidad y no podemos hacer el estudio de factibilidad sin saber qué es lo que hay adentro. El estudio de factibilidad nos va a decir de qué tamaño es la planta, cuántos camiones mineros vamos a necesitar, qué tipo de diseño de tajo vamos a tener, etc. Después de eso, pasamos a toda la parte de trabajo ambiental, donde también va a haber una serie de preguntas que van a tener que ser contestadas. A diferencia de otras regiones del Perú donde hay escasez de agua, como en Moquegua o Tacna, en Cajamarca hay abundancia de agua, entonces el cuidado que se debe tener con los cuerpos de agua es fundamental para que no resulten afectados por las operaciones mineras. Ese es principalmente el desafío, entender bien qué tenemos y cómo podemos desarrollarlo de manera que no tengamos un impacto negativo en el entorno.

También mencionó Tantahuatay, en Cajamarca, de Minera Coimolache, operado en sociedad con Buenaventura. ¿Cómo avanza este proyecto?

Tantahuatay se ha ido desarrollando como una mina de oro que ha tenido realmente resultados bastante buenos a lo largo de estos años desde que empezó a operar (2011). Quedan más o menos cinco años de reservas de oro y plata, pero debajo de Tantahuatay existen sulfuros de cobre. Es parecido a lo que ha ocurrido con Newmont en Yanacocha, que ha desarrollado toda la parte del proyecto de oro y lo que toca ahora es el desarrollo de la parte de cobre. Entonces, desde hace ya un poco más de un año estamos trabajando dentro de Tantahuatay para tratar de entender qué depósito de cobre hay, qué posibilidades habría de desarrollarlo, y cuáles serían los principales desafíos en la parte ambiental y técnica. Estamos trabajando bastante bien en ese sentido. Todavía nosotros mismos no tenemos muy claro cuál va a ser el perfil del proyecto, pero espero que en este año 2023 ya tengamos una mayor claridad respecto de qué es lo que tenemos que hacer. Por ejemplo, de qué tamaño va a ser la planta de procesamiento de mineral de cobre, qué tipo de subproductos va a tener, qué desafíos habrá en el tema ambiental, etc. Una cosa muy buena de Tantahuatay es que, en principio, estamos pensando que el proyecto va a desarrollarse sobre la huella ambiental del actual yacimiento. Esto implica una transición más sencilla del proyecto de oro hacia cobre.

¿Cómo ha sido el proceso que ha realizo Southern para impulsar el desarrollo territorial en sus zonas de influencia?

Lo primero ha sido tomar contacto y establecer una buena relación con los distintos grupos dentro de cada comunidad. Eso se hizo de manera bastante exitosa, de ahí que se pudieron firmar los dos acuerdos sociales en el año 2021. Ahora se está trabajando en un programa de empleo que prioriza a la gente de las comunidades de La Encañada y Michiquillay, y a cada uno de los anexos en cada caso. En principio, nos hemos enfocado en las zonas donde se están haciendo los trabajos de perforación, pero se va a expandir a toda la zona de influencia en el caso de Michiquillay. Respecto de Tantahuatay, todavía estamos en el proceso previo de entender cómo va a crecer el proyecto. Ahí vamos a tomarnos todavía un tiempo para definir los siguientes pasos. Por ahora, estamos evaluando qué tan factible va a ser desarrollar el proyecto de cobre.

¿Qué otros proyectos mineros de Southern destacaría para este año?

Aparte de nuestras operaciones en Tacna y Moquegua, estamos mirando básicamente tres proyectos fuera de Cajamarca. Uno es Tía María, en Arequipa, donde se ha avanzado muchísimo el trabajo con la comunidad. Estamos bastante avanzados en toda la evaluación técnica. Lo que necesitamos es un esfuerzo de parte del Gobierno y de la región al cual ciertamente tendríamos que acompañar para encontrar un camino que viabilice los proyectos mineros. Tía María, por ejemplo, es posiblemente uno de los proyectos más ambientalmente amistosos, no tiene relaves y el consumo de agua es bastante reducido. Estamos en el norte del desierto de Atacama, que empieza en Chile y entra al Perú. Por eso, el principal consumo de agua se va a dar por evaporación. Para ello, estamos también proponiendo la construcción de una planta desalinizadora que nos va a ayudar a no tener que tocar ninguna fuente de agua en la región. Con la idea de contribuir, también estamos proponiendo la construcción de una represa que podría también ser un camino distinto. De ahí, el 90% del agua serviría a la región y nosotros tomaríamos de ahí el agua para el proyecto. Son las dos alternativas que estamos barajando.

¿Cómo avanzan con los otros proyectos?

En el caso de Los Chancas, es un depósito de cobre muy interesante que tiene subproductos como el molibdeno. El molibdeno es un metal que se utiliza para el endurecimiento del acero, un metal que en estos días está teniendo un precio bastante atractivo, más o menos a US$ 22 por libra, pero ha estado a US$ 6. Es decir, un incremento de casi cuatro veces su precio. Entonces, es un producto que es de alto valor y junto con el cobre, que serían más o menos 110 mil toneladas de cobre de Los Chancas, podríamos tener un proyecto bastante interesante en la zona de lo que se llama el Corredor Minero del Sur. Por otro lado, siempre vemos la forma de optimizar nuestras operaciones. Por eso, estamos pensando en una eventual ampliación de la producción de la mina de Cuajone, lo cual está todavía en estudio. Ya se presentará al Directorio más adelante y ya podremos arrancar con este proyecto también. En total, Southern Perú tiene presencia en cinco regiones del Perú. Mencionaba Moquegua y Tacna, que es donde están nuestras operaciones de Cuajone y Toquepala; Arequipa, con Tía María; Apurímac, con Los Chancas, y en el caso de Cajamarca, tenemos a Michiquillay, que lo vemos directamente nosotros, y Tantahuatay, que está en sociedad con Buenaventura.