En un contexto de creciente demanda global de metales, la exploración minera se consolida como el punto de partida para sostener el desarrollo del sector. La Cartera de Proyectos de Exploración Minera 2026, valorizada en US$ 757 millones, refleja esta dinámica: menos proyectos, pero con mayor inversión, en una clara señal de madurez de ese portafolio de proyectos.
DESTINO DE CLASE MUNDIAL
“[El Perú] sigue siendo un destino minero de clase mundial gracias a su vasto potencial geológico, diversidad de recursos y trayectoria”, afirma Sebastián Benavides, gerente de Exploración para los Andes de Anglo American Perú.
Domingo Drago, vicepresidente Américas de Asuntos Externos de Gold Fields, coincide con ello y agrega que esto confiere al país una “posición muy competitiva y fundamentada como país minero”.
“Según el reporte del Instituto Fraser (datos 2024/2025), el Perú logró un repunte al subir del puesto 59 al 40 de 82 jurisdicciones evaluadas en el Índice de Atractivo de Inversión. Esto es el reflejo de que el país sigue siendo considerado uno de los destinos preferidos por su riqueza en cobre, oro y plata”, asegura Drago.
A este atractivo se suma una condición geológica privilegiada. “Nuestros Andes cuentan con reservas importantes de una gran cantidad de minerales”, explica Drago. Por su parte, Raúl Benavides, director de Compañía de Minas Buenaventura, detalla que esta riqueza se traduce en recursos “que hoy tenemos y que podemos explotar”.
En esa misma línea, Jonas Mota-e-Silva, presidente del Comité de Exploraciones de la SNMPE y gerente de Exploraciones de Rio Tinto, plantea una mirada complementaria: más que enfocarse en la noción —a menudo cambiante— de “minerales críticos”, el Perú debería concentrarse en los metales en los que ya es altamente competitivo. “El país ya es un subcampeón en cobre, zinc y plata, y podría pasar a ser campeón mundial en estos recursos”, sostiene. Asimismo, Mota-e-Silva destaca el potencial de subproductos como el molibdeno, el indio o el antimonio, que pueden obtenerse en etapas posteriores del procesamiento de los primeros y ampliar el valor de la cadena minera.
DESAFÍOS PENDIENTES
No obstante, el potencial geológico del Perú contrasta con una serie de desafíos que limitan el desarrollo de la exploración. “[…] Cuando vienes a ver la parte de permisos, trámites, temas comunales, expectativas de las comunidades, todo eso ha hecho que la exploración avance muy lento”, señala Raúl Benavides.
“La competencia ha aumentado y países como Chile y Argentina han logrado captar mayor atención mediante procesos más ágiles”, advierte Sebastián Benavides. En efecto, los tiempos de tramitación en el Perú pueden extenderse hasta cuatro años, frente a plazos significativamente menores en países competidores.
Para el representante de Buenaventura, el problema es claro: “El proceso se ha ido complicando con reglamentos y procedimientos, y hoy te puede tomar 10 o 15 años terminar de explorar un yacimiento”.
A ello se suma un cambio estructural en la exploración moderna. Acorde con Raúl Benavides: “los yacimientos aflorantes (aquellos que están en la superficie o muy cerca) ya han sido descubiertos. Hoy son más profundos, más difíciles de encontrar y más caros de explorar”.
A estos retos se añade una mirada más estructural sobre la competitividad del país. “No se necesitan grandes incentivos, sino hacer las cosas bien: contar con una regulación simple, clara y estable”, sostiene Mota-e-Silva. En su opinión, la inestabilidad política, la falta de confianza en el Estado y las brechas de infraestructura —especialmente en zonas altoandinas— terminan por desalentar la inversión y dificultar el desarrollo de nuevos proyectos.
En este escenario, la necesidad de ajustes a la regulación es compartida por la industria. “El principal incentivo es agilizar y simplificar los permisos para la exploración inicial”, sostiene Sebastián Benavides, quien destaca que esta etapa tiene impactos ambientales y sociales mínimos, pero requiere rapidez para sostener la rotación de proyectos. Por su parte, Domingo Drago coincide en que “se deben reducir los tiempos y simplificar la ‘permisología’ sin bajar los estándares de seguridad y medio ambientales”.
ESTABILIDAD PARA INVERTIR
La estabilidad jurídica aparece como otro factor clave. Iniciativas como la reducción del plazo de concesiones a 15 años propuesta por el Congreso de la República han encendido las alertas del sector. “Podría generar riesgos significativos para proyectos estratégicos”, advierte Sebastián Benavides; mientras que Drago es enfático: “Esta medida da una muy mala señal para promover más inversión”. Y Raúl Benavides, desde una perspectiva operativa, afirma que “esa propuesta de ley es antiproductiva”, pues no toma en cuenta la complejidad y los tiempos propios de la actividad exploratoria.
Por ello, Mota-e-Silva advierte que un cambio de esta magnitud “sería una tragedia” para la exploración en el país, al modificar las reglas de juego en medio del proceso y generar desconfianza entre los inversionistas. Además, recuerda que los proyectos mineros responsables requieren plazos largos —entre 40 y 60 años desde el descubrimiento hasta la producción— debido a la complejidad técnica, ambiental y social que implica su desarrollo. “Hacer bien las cosas toma tiempo”, enfatiza, y agrega que una medida de este tipo podría incentivar la informalidad en detrimento de la minería formal.
A estos retos se suma la presión de la minería ilegal. “En cuanto aparece un geólogo en campo, muchas veces hay violencia”, refiere Benavides de Buenaventura; y señala que esta situación no solo afecta la seguridad, sino también desalienta la inversión en nuevas áreas de exploración.
Pese a este contexto, el consenso es claro: la exploración sigue siendo un pilar estratégico para el futuro de la minería peruana. “El país necesita descubrir más recursos para responder a la creciente demanda global”, enfatiza Sebastián Benavides. En esa línea, fortalecer esta etapa será clave no solo para ampliar la cartera de proyectos, sino también para sostener la competitividad del Perú en un escenario global cada vez más desafiante.



