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Minería que integra, construye el presente, transforma el futuro

Por Diego Ortega Meneses, Vicepresidente de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Anglo American Presidente del SIMPOSIO – XVI Encuentro Internacional de Minería.

Durante décadas, la conversación sobre minería estuvo centrada en la geología. Hablábamos de reservas, leyes minerales, potencial de exploración y ciclos de precios. Hoy esa conversación ha cambiado.

La transición energética, la expansión de la inteligencia artificial, la electrificación de la economía y la creciente demanda tecnológica han puesto a los minerales en el centro de las decisiones estratégicas globales. Sin embargo, la pregunta ya no es únicamente quién posee los recursos, sino quién tiene la capacidad de desarrollarlos de manera competitiva, sostenible y oportuna.

Esa fue una de las principales conclusiones del SIMPOSIO – XVI Encuentro Internacional de Minería. El mundo no enfrenta un desafío de disponibilidad geológica, sino de capacidad de ejecución.

América Latina cuenta con una posición privilegiada. La región concentra una parte significativa de los minerales que serán indispensables para las próximas décadas, mientras que el Perú posee una de las carteras mineras más diversificadas del planeta. Sin embargo, los recursos por sí solos ya no garantizan liderazgo.

Hoy compiten los países. Compiten la calidad de sus instituciones, la estabilidad de sus reglas de juego, la disponibilidad de infraestructura, la seguridad energética, la capacidad para atraer talento y la velocidad con la que convierten oportunidades en inversiones y proyectos concretos.

La velocidad se ha transformado en un factor estratégico. Las decisiones de inversión que definirán las cadenas de suministro de minerales críticos para las próximas décadas se están tomando ahora. En un entorno global cada vez más competitivo, las jurisdicciones que ofrecen predictibilidad, capacidad de gestión y visión de largo plazo son las que avanzan con mayor rapidez.

Para el Perú, esto implica una reflexión fundamental. Nuestro desafío ya no es demostrar que contamos con recursos de clase mundial. Tampoco convencer al mundo de la importancia estratégica de nuestros minerales. El desafío es convertir ese potencial en crecimiento, empleo formal, infraestructura, innovación y oportunidades para millones de peruanos.

Lograrlo requiere una visión compartida que trascienda sectores y gobiernos. Exige cerrar brechas en infraestructura logística, fortalecer la competitividad energética, combatir decididamente la informalidad y enfrentar problemas que erosionan la institucionalidad, como la minería ilegal. Son desafíos distintos, pero todos convergen en una misma necesidad: ejecutar mejor.

Quizás la reflexión más importante que nos deja el Simposio es que el Perú enfrenta una oportunidad histórica. Pocas veces un país ha contado simultáneamente con recursos estratégicos, una demanda global creciente y la posibilidad de convertirse en un actor relevante en la transformación económica del mundo.

Pero las oportunidades históricas no permanecen abiertas indefinidamente. Los países que liderarán esta nueva etapa serán aquellos capaces de traducir sus ventajas naturales en bienestar tangible para su población.

En un mundo que avanza cada vez más rápido, la diferencia entre liderar o quedarse atrás dependerá menos de los recursos que tenemos y más de nuestra capacidad para convertirlos en progreso para todos.

Ese es, finalmente, el verdadero propósito de una minería que integra, construye el presente y transforma el futuro: no solo producir minerales, sino generar desarrollo, fortalecer territorios y contribuir a construir un país más competitivo, inclusivo y sostenible.